Esperando en la estación de París, veía a personas raras
que – en muchos casos – sufren destinos graves. Hay personas con maletas,
viajeros que regresan a su patria, turistas, trabajadores o pobres que exigen
dinero de los viajeros.
Después de los ataques, la seguridad estaba aumentado con
el apoyo de la policía. Entrando en una tienda, siempre hay seguratas que
controlan los bolsos. Se puede sentir el miedo – naturalmente.
No se puede contar el número de las personas, pero hay 30
vías y se puede imaginar un número de miles de personas. Para mí, el control
tiene una importancia grande, porque la seguridad vale más que la esfera
privada o la libertad personal. La esfera privada es un argumento interesante,
porque en una metrópoli, la gente vive su libertad personal más que en otras
ciudades. Muchas veces, ví más que siempre quería ver. Con la mirada a un culo
extranjero sin patalones, experiencé más libertad que nunca más en el pasado...
En cada lugar, había reglas como teníamos que
comportarnos: Proteger nuestros objetos de valor y no hablar o mirar a personas
raras. La diferencia entre una metrópoli y una ciudad como Constanza es como la
noche y el día. Es bueno ver a Paris como una ciudad antigua, pero el silencio
y la tranquilidad de la patria me gustan mucho más.
Queda una hora esperando en la estación y un montón de
gente alrededor. Algunos hablan, otros trabajan y una minoría escribe un texto
para su blog. Estamos en un café y la mujer enfrente de mí tiene su móvil en
las manos. Es una actividad típica de la generación ‘’nueva’’. Pero – como se
puede ver en este caso – los mayores lo hacen también.
A la derecha, hay cuatro personas. La mujer tiene un bebé
y los dos séniores están enfadados. Hay un conflicto, pero no puedo comprender
el tema; un resto de la esfera privada está mantenido. Las mesas están sucias y
nadie las lava.
Una metrópoli – es así.
Ojalá que la hora pase rápidamente.
(45 minutos)













